No sin mis michelines

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antoniamagazine-nosinmimichelinNo sé si el Corte Inglés ha anunciado ya que es primavera, qué últimamente no veo nada de nada la tele, pero lo que sí sé es que todo el mundo anda enloquecido ya con la “operación bikini”.

Es salir un poco el sol, quitarnos el abrigo, mirarnos al espejo y descubrir, bueno, reconocer lo que hemos ocultado sabiamente durante todo el invierno, que estamos blancos cual papel vegetal, que tenemos celulitis, ¡ohhh! ¡Sorpresa! y que se ha formado, sin saber como ni cuando, un pequeño flotador que nos rodea esa cintura de avispa que teníamos la primavera pasada… bueno algunas, que yo no la he tenido nunca… y empezar a pensar en como perder todo lo que hemos ganado en invierno.

Y ante tal desparrame carnal, eso sin probarnos aun la ropa de baño, pareos varios a juego y demás quid playero, nos volvemos locas (y locos) y empezamos con dietas salvajes, que si la alcachofa, que si la Dukan, que si barritas dietéticas, que si no como directamente, más vale desnutrición que michelines, y muchas burradas más que, en realidad, NO FUNCIONAN, porque ni existe la dieta milagrosa, ni tampoco los milagros, ¡que os lo digo yo que vivo a dieta desde que nací!.

Luego nos da por gastarnos lo que no tenemos en cavitaciones, masajes y tratamientos que ayudan pero que tampoco te convierten en Claudia Shiffer en dos meses, que no… Por no decir que nos ponemos a hacer ejercicio, a subvencionar gimnasios, porque vamos dos semanas y luego ya no lo pisamos nunca más, y a seguir haciendo estupideces sin orden ni concierto… Pero todo vale para lucir estupendas en la playuqui en agosto.

Y yo, mira, debe ser la edad, he decidido pasar de la operación bikini y de todas estas gilipoyeces. Nunca me han gustado las dictaduras ni los tiranos, y os lo aseguro, no hay mayor esclavitud que las modas que nos dictan que hay que parecer una top model, pasear por la orilla del mar contoneando las caderas y con un conjunto de baño monísimo, aderezado con mil complementos que, nenas, dejan marca y queman cuando les da mucho el sol.

Basta de tiranías. Abogo por la salud, que hay que estar guapa, sí, por ti misma, para sentirte bien. Que hay que comer ligero… bueno, más que ligero sano y compensado, que hay que hacer deporte, por supuesto, pero por la salud mental y física, pero, de verdad, dos meses de abdominales no dejan el vientre plano…   

Porque a ver,  ¿quién me puede contestar? ¿De qué me sirve hacer un mega sacrificio y privarme de comer cositas ricas, de mi cañitas fresquitas, de darme un capricho de vez en cuando, de someterme a tratamientos carísimos y embadurnarme de todas las cremas antiestoyantilotro? ¿Acaso si pierdo 10 kilos me va a cambiar la vida? ¿Me van a hacer un contrato millonario para salir en la portada de la revista de moda de turno? ¿Me van a dar más trabajo?

Pues oye, no. Así que yo he decidido que este año, ni operación bikini, ni triquini, ni playil. A seguir mi dieta sana, a disfrutar de la vida, del deporte y de los buenos momentos. Y si esos momentos son de paellas y postres ricos entre amigos, con muchas risas y miradas cómplices, ¡vivan los kilos y el verano Antonias!.

Y, con la que está cayendo, los corralitos que amenazan con dejarnos sin un euro y la puta crisis que no nos deja vivir, comed mientras podáis, que igual tenemos operación bikini en diciembre y tenemos que llegar con reservas.

Y, para acabar, recordad que la belleza está en los ojos que te miran, y yo tengo la gran suerte de que con mis kilillos de más, me veo y me ven bellísima, y eso es lo que a mi me vale.

Felices días de playa.
Dina 3, con michelines, ¡y qué!