Crítica
Por fin he visto la ópera prima de Alfonso Sánchez, "El mundo es nuestro"...
cineRollo Tarantino, acción, mafiosos, un niño, su madre (una chica guapa que no está libre), el padre y esposo (un ex convicto en apuros), un héroe contenido que termina explotando... Sería el guión ideal para Clint Eastwood en los 70, pero ya le coge un pelín talludito.
CINE"El arte es la única cosa capaz de ser falsa y verdadera a la vez". Esta frase, que se atribuye a Aristóteles, aparece en la película del italiano Sergio Rubini esgrimida por el personaje que él mismo interpreta. En torno a esta idea, su personaje en la gran pantalla elabora una prestigiosa carrera en el mundo del arte y un maquiavélico plan, mientras que el director construye una historia (falsa) con algunos mensajes universales (verdaderos), también en torno a ella, que termina por ser una película muy entretenida y sin demasiadas pretensiones.

Un chorrito de bótox, otro de vanidad, un pellizquito de morbo y cuarto y mitad de talento. Lo agitas en una coctelera refrescada previamente en el congelador de la pedantería –con ritmo, cadera va, cadera viene– y, cuando todos los ingredientes de este mejunje de jactancia patria han consumado la coyunda, sirves el potingue en una copa bien calentita, sobre el posavasos de un asfalto ardiente, horneado al fuego de una canícula precoz. Sin sentido, ¿no?
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