Amor azul

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¿Cómo puede ser que la cartelera esté tan llena de películas malísimas y otras excelentes tarden años en llegar a estrenarse? Ese es el caso de Blue Valentine que llega a los cines españoles este mes, después de dos años, a pesar de haber pasado por Cannes, Toronto y Sundance, y de tener nominaciones a los Globos de oro, a los Oscar y a otros muchos premios que no venden tanto. Aún así, pese a la tardanza, me alegra saber que se verá en cine y no pasará directamente desapercibida, como le pasa a muchas otras pequeñas grandes obras.

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Blue Valentine es simplemente una historia de amor. Digo simplemente sin ánimo de quitarle mérito, sino todo lo contrario. Muchas veces las cosas más simples son las más difíciles de transmitir. La historia que se cuenta es bastante cotidiana también: dos personas, Cindy y Dean, se conocen, se enamoran, tienen una hija, y bueno… no mucho más.

¿Cuál es el gran logro de Blue Valentine? Esa especie de magia que se consigue cuando están todos en sincronía para hacer que una película se transforme en una obra de arte que merece trascender.

Por empezar, un director talentoso, Derek Cianfrance, que después de muchos documentales y más de diez años de luchar por este proyecto, consigue sacarlo adelante y contar la película que él quería. Rodada aparentemente de forma simple y espontánea, cada plano está por un motivo. Por ejemplo, en el pasado los personajes comparten plano, sin embargo en el presente están siempre en planos separados.

Por otra parte, dos actores excelentes, destinados a ser grandes, o más grandes aún (si no mueren antes de forma ridícula como les ha ocurrido a otros).

Ryan Gosling, que a veces se pasa de intenso, aquí está perfecto. Este es el Ryan romántico que me gusta y no el de El diario de Noah, por más miembros de la familia Cassavetes que tenga detrás.

A su par, y enfrentándolo siempre a su altura, Michelle Williams. Una actriz que ha crecido muchísimo desde Dawson. Pudo demostrar que era una intérprete seria con Brokeback Mountain y no ha parado. Creo que es la actriz que mejor ha hecho de Marilyn, lo cual ya son palabras mayores.

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Me parece maravillosa la forma que eligieron los guionistas para narrar la historia. Ese ir y venir entre el presente y el pasado, que muchos espectadores cómodos detestan, pero que es el que mejor refleja lo que hace a esta historia de amor. Porque esas dos personas que se amaron tanto se pueden odiar también de la misma manera. Porque ese odio sólo es posible cuando hubo mucho amor, cuando no se puede dejar de amar.

Como bien dice la canción que Dean le canta a Cindy: siempre lastimas a los que amas, a quien no deberías lastimar en absoluto. Es desde el presente que podemos entender el pasado. Y desde el pasado, cuando aún es presente, proyectar un futuro que quizás no se convierta en realidad.

Otro detalle es la belleza del título. El blue que puede ser triste y puede ser azul. El color contrario al rojo típico de San Valentín. Porque Blue Valentine es todo menos típica.

Me cansan las películas de amor que terminan cuando los protagonistas se enamoran por primera vez, con un beso triunfal y un futuro estupendo por delante. Las películas de amor que me conmueven son las que muestran eso que pasa después. La lucha diaria porque ese amor tan enorme no se consuma, no te consuma. El paso de los años, en este caso solamente son seis, y lo que cuesta mantener ese amor sin que el resentimiento y las frustraciones diarias te hagan volverte contra la persona que más amas, la que no deberías lastimar. Como bien concluye la canción: y si te he roto el corazón es porque a ti te amo más que a nadie.

Me pregunto inocentemente: ¿tan difícil es contar una historia de amor que no sea cursi, que sea real, en la que los protagonistas no usen ropa a medida, en la que no salga Nueva York o alguna otra ciudad fabulosa, en la que la niña que hace de hija no sea una pequeña actriz insufrible, en la que los personajes hablen como hablan las personas, en la que las escenas de sexo parezcan de verdad, en la que cuando se gritan te creas que se están gritando, en la que no importe si hay o no un final feliz porque en la vida real lo que hace que una historia de amor sea memorable no es su final sino su trasncurrir?

Tantas preguntas… la respuesta a todas ellas es sí. Es dificilísimo. Por suerte no es imposible. Por suerte hay películas como Blue Valentine.

Inés González.