Canalla… ¿qué pretende usted de mí?

Creo poder hablar en nombre de muchos de mis compatriotas argentinos cuando digo que al pensar en las palabras “tetas” y “cine”, la asociación casi inmediata es Isabel Sarli.

Isabel Sarli, o la Coca Sarli, como se la llamó cariñosamente desde siempre, inició su carrera como reina de la belleza. Fue Miss Argentina en 1955 y conoció en persona a Perón. Pero el hombre que le cambió la vida, y a quien se la cambió ella, fue Armando Bo, cineasta que conoció poco tiempo después.

Armando Bo e Isabel Sarli tuvieron una relación personal y profesional que duró casi treinta años, hasta la muerte de él, y otras tantas películas. En la primera película que hicieron juntos El trueno entre las hojas, de 1956, la Sarli protagonizó el primer desnudo integral del cine argentino. En una entrevista del 2008, Isabel Sarli recuerda cómo Armando Bo, después de contactar con ella para rodar esta película, le comentó de su deseo de hacer un cine diferente, con proyección más internacional. La llevó a ver una película de Bergman en la que había un desnudo. Isabel no estaba entusiasmada con la idea de un desnudarse, por lo que Bo propuso que llevara una “malla de color carne”. Obviamente, en el momento del rodaje en la selva paraguaya no había “malla” de ningún tipo. Ella aceptó hacer el desnudo suponiendo que se la vería muy de lejos. Pero no. Se la ve muy bien. A partir de ahí, comenzó la leyenda.

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El trueno entre las hojas fue un éxito en el extranjero, con artículos en Time y en Life. Por supuesto, en la Argentina de la dictadura de esa época (autodenominada “Revolución Libertadora”, genial) no había lugar para ese tipo de cine, ni muchos otros tipos de arte de cualquier clase, y fue prohibida.

A esta siguieron otras tantas películas emblemáticas, que siempre eran más o menos lo mismo: India, Días calientes, Carne, Fuego, Fiebre, La mariposa de la noche, y muchas más. Hay varias curiosidades del mundo Bo-Sarli, una de ellas es que más de una vez el interés sexual del personaje de Isabel no era otro que Víctor Bo, hijo de Armando. Por cierto, el nieto de Armando Bo e hijo de Víctor, que también se llama Armando Bo, es uno de los guionistas de Biutiful y ha dirigido El último Elvis, una hermosa y agridulce película que recomiendo mucho.

Otra cosa que recuerdo es una anécdota de un profesor mío de la universidad, que había trabajado con Armando Bo, diciendo que Bo tenía la mejor manera de solucionar los problemas de continuidad de luz en los exteriores de una película: rodar el sol siendo tapado y destapado por las nubes e intercalar el plano cuando fuera necesario. También, que se llevaba la cámara a dónde fuera de vacaciones con Isabel (China, Francia, etc.) y rodaba como ella entraba a un callejón cualquiera, después de ese plano corte a secuencia rodada en cualquier otro sitio en la que Isabel era violada por unos chinos, o franceses, o lo que tocara.

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Al ver esas películas con el filtro de la distancia y la nostalgia, sorprende ver lo inocentes que podían llegar a ser. A la vez, es fascinante contemplar la relación de verdadero cariño que la gente de mi país ha tenido siempre con Isabel Sarli, al punto de considerarla parte de nuestras vidas y de nuestra cultura. Tanto ella como la frase repetida en varias de sus películas, y que ya es un símbolo y un chiste: “Canalla… ¿qué pretende usted de mi?”. En 2008 le dieron el Cóndor de Plata (Goya argento) a su trayectoria, y en 2012 el gobierno la nombró embajadora de la Cultura Popular Argentina, por considerarla “una verdadera representante de la cultura nacional”

Ícono absoluto del destape y de las películas de contenido erótico, la Coca Sarli es un símbolo de la argentinidad que está a la altura del obelisco, el mate y el asado. Por algo en el vídeo de Bersuit Vergarabat “La argentinidad al palo”, la Sarli y la frase mítica “Canalla… ¿qué pretende usted de mi?” salen en un lugar destacado junto con muchos más tópicos de mi país. Y en la canción de 1990 “Tercer mundo” de Fito Páez en la que también se nombra a gran cantidad de personajes icónicos, está la frase: “Coca-Coca-Coca-Coca Sarli. Coca-Coca-Coca-Coca Cola. Coca-Coca-Coca-Coca. Inapetente estará Pinochet, el día que lo echen a palos”. Incluso hay un mural callejero muy conocido con su imagen.

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Es curioso cómo repasando un poco la historia de la dupla Bo-Sarli en el cine, destacan dos aspectos. Por un lado, que siempre estuvieran haciendo la misma película: chica sensual pero a la vez inocente, víctima de un hombre abusivo, pero a la vez fascinada por el sexo, desnudo obligado, localizaciones exóticas y mucha argentinidad. Pero por otro, que intentaran y lograran hacer un cine que iba totalmente en contra de lo que el gobierno permitía en esa época de dictadura tras dictadura. Durante años, las películas de Bo fueron censuradas y prohibidas en Argentina.

Hoy, décadas más tarde, las películas de Isabel Sarli y Armando Bo han logrado el lugar de cine de culto, no sólo en Argentina. En 2010, por ejemplo, la Sociedad Fílmica del Lincoln Center de Nueva York proyectó un ciclo de Isabel Sarli.

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Aunque ha vuelto al cine esporádicamente, Isabel Sarli prácticamente se retiró después de la muerte de Armando Bo en 1981. Su última película es Mis días con Gloria, de Juan José Jusid, de 2010.

Y, por cierto, aunque sea un dato absurdo, la Coca vivía al lado de mi última casa de Buenos Aires.

Inés González.

La argentinidad al palo, Bersuit Vergarabat