Joana Vasconcelos – Cómo se me pira la almendrita

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IMG_2656Joana Vasconcelos o cómo se me pira la almendrita, antonia

No me gusta viajar. Tengo que ser extraterrestre o algo así, porque cada vez que lo comento me miran como si lo fuera.

No es que no me guste conocer sitios nuevos. Lo que no soporto es hacer y deshacer maletas. Es superior a mí. Me pone de los nervios.

Piensa que, encima, ahora tengo que hacer mucho más equipaje, porque viajamos con un bebé, que es alérgico a algunos alimentos (con lo que lleva su comida y sus medicinas) y dos perros enormes, así que me resisto con todas mis fuerzas a moverme de mi casa.

Pero llega la dichosa semana santa, las vacaciones, y no hay excusa que valiera para postergar el temido viaje para ver a la familia política.

Madrid-Lisboa-Madrid. Más de 1200 kms, con sus correspondientes caravanas de salida y retorno, y lloviendo. No se puede decir que me ponga del mejor humor, precisamente.

Aunque, bueno, una vez que ya estoy allí, cuando hemos descargado los bártulos, y salimos a pasear por Lisboa, me suelo tranquilizar… bastante.

Lisboa es una ciudad magnífica. Decir que es bonita se queda corto.

Hay muchas ciudades dentro de ella. No hay que quedarse en lo típico de los tranvías, el fado y las sardinas de Alfama, porque hay una intensa vida cultural… y comercial. A los portugueses les encantan los centros comerciales; hay un montón.

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Buena muestra de la actividad cultural lisboeta, son las exposiciones del Museu Berardo, en Bêlem.

La lluvia y el hecho de que el viernes de pascua fuera festivo, y los centros comerciales estuvieran cerrados…, nos llevaron hasta allí.

El museo estaba hasta arriba. Día de fiesta + museo gratis = muchas familias… y un montón de niños.

Logramos ver una exposición de Joana Vasconcelos. Tremenda, esta mujer es tremenda. Sus obras están tan llenas de humor, que resulta imposible no pensar que estás en la zona de juegos de un parque infantil.

Las instalaciones de Joana Vasconcelos son llamativas, inmensas y muy lúdicas. Los vigilantes se volvían locos para evitar que los enanos lo tocaran todo, se subieran por todas partes, o se tumbaran en un enorme cojín/gusano que recorría varias salas.

Salías de allí sorprendida, contenta, y con ganas de más. A mí, personalmente, me pareció tan buena que me quitó el mal humor del viaje. Mereció la pena el palizón, sólo por verla.

Sería muy interesante que viajara esta exposición hasta España, al Reina Sofía de Madrid, por ejemplo, famoso por lo que te pueden mortalmente aburrir sus expos…

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Señor director del museo: ¡póngase las pilas, por favor, que la gente se aburre!