La fiera de mi suegra. Capítulo 7

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Ante todo quiero disculpar esa larga ausencia que en un principio se suponía veraniega, se hizo otoñal y como me olía que podía volverse invernal, saqué el látigo y exigí a mi nuera-negro que se ponga de inmediato a ello. Sí todo fue culpa de ella y de su supuesta falta de tiempo e imaginación. Cómo se atreve si todos saben que soy su musa y que mi vida es tan apasionante que hasta Ana Rosa sería capaz de escribirla sin ayuda de nadie…. En fin que tuve que acudir al chantaje emocional que siempre me ha salido genial – de paso aprovecho para revindicarlo, el chantaje emocional de una dama no es más que una exigencia disfrazada de emoción y drama, es de buena educación – así que la dije que como está previsto que el fin del mundo está inminente, ella no podía dejar a la humanidad sin saber de mis aventuras y que además yo también podría morirme de aquí a nada. Está claro que no me creo las alucinaciones de unos indígenas drogados y sin cristianizar y que tampoco tengo intención de palmarla – más que nada porque soy responsable de mi Falete (esa empleada del hogar mía más ancha que larga que me quiere con locura) y qué sería de ella sin mi y mi techo?¿ para que luego digan que explotamos a unos pobres inmigrantes, yo, a mi Falete la tengo de alta en todo incluso en mi estima.

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Pero retomemos la historia donde la sinvergüenza de mi nuera lo dejo.
Años 70 entrando en la talla 80, unos años dorados para los de la quinta de la susodicha pero para mí de sol y sombra, como este brebaje que los peones se meten pal cuerpo a las 7 de la mañana con la excusa de que hay que mantenerse caliente en la zanjas para poder piropear a las damiselas – esos piropos albañileros  son gracia divina, chabacana sí pero divina, una mujer que no los aguanta no es una mujer de verdad.
Pero retomo el relato: Dijo no sé qué francés que la gente feliz no tiene historia, lo cual deja intuir que sólo las desgracias hacen best sellers y de hecho desde Madame Bovary a la saga Crepúsculo se está demostrando… Así que el nuestro era un amor tipo Agapimú de Ana Belén: Entras en mi cuerpo como la lluvia entra en su huerto, agapimú. Tocas mi cintura como la hiedra a poca altura, agapimú. O sea igual de chirriante y cursi, y me temo que a los ojos de los demás éramos repelentemente felices. Pero que muy felices… nuestra vida transcurría en plan dolce vita, pasábamos nuestro tiempo entre viajes de placer y trabajo – puesto que Marcel era arquitecto y requerían de su arte por toda Europa – nos alojábamos en hoteles de lujo, jugábamos en Casinos de la Riviera francesa – una vez vi a la Gracia de Mónaco y sí era para tanto – gastábamos a lo loco y ciertamente sin ninguna conciencia ni previsión de futuro, nuestro fondo de pensión era como mi fondo de armario, elegante pero lleno de caprichos que no aguantarían a mucho.
Mientras – y para qué engañaros era un gustazo que contribuía a mi estado de felicidad perpetua – mi hijo vivía su vida. Abandonó los estudios sin coronar lo que se llama hoy en día bachillerato – y eso que le había prometido un golf GTI si lo conseguía, en eso había salido a su padre, integro donde los haya. ¡Qué tontería! Yo, por lo menos lo hubiese simulado el intento y llorado mucho después del fracaso anunciado; ¿quién iba a decir que no me dejaban por lo menos un coche de segundamano después de un esfuerzo tan grande? – pero mi chato prefirió hacerse mochilero y se fue a la India andando, a Marruecos en auto stop… y al Perú en avión… de qué subsistía?¿ la verdad opté por no enterarme, mientras le veía feliz y sanote (a pesar de las pintas de pordioseros que me llevaba) yo no preguntaba por el olor a azufre que siempre habita en su habitación ni quiénes eran esos chicos tan raros que se presentaban ante mi puerta con pinta de muy necesitados… de todas formas al poco tiempo se hizo una novia – tan guapa y rubia que a su lado Bo Derek se quedaba en la mujer 9 – no me mires así tu no estás mal pero bueno no hay comparación eso sí admito que eres más lista que ella y que has triunfado donde ella fracasó, ella siempre se quedará en niña guapa y me temo que incluso a los 80’s así que no te preocupes acabará igual de patética de Baby Jane – y mi hijo se alquiló una mansarda bohemia – o sea de pordioseros – para vivir su propia aventura amorosa.
Marcel y yo nos compramos un piso en Alicante y una casa en Torrevieja, sí lo sé, es poco de poco Glamour – pero os lo explico: Alicante tenía una aeropuerto con vuelos Charter a Bruselas (no eran los tiempos del low cost y viajar en avión seguía siendo de lujo qué tiempos aquellos)  lo cual facilitaba a Marcel muchas idas y venidas que le imponía el trabajo y el chalet de Torrevieja – comprado con vista a alquiler – con su jardín lleno de buganvillas y su palmera de Elche era un reclamo para cualquier turista belga que consideraba España como una costa sin fin con sol 365 días al año y además tenía la ventaja de ser un viaje en coche más corto que ir a Marbella – donde claramente hubiese comprado yo. Se alquilaba más fácil que una mujer de puerto. Huelga decir que en nuestra inconciencia, no tuvimos reparo en re hipotecar mi casa de Bruselas para comprar el piso de Alicante, a pesar de los avisos de mi chato – quien también en eso salió a su padre – diciéndonos que a nuestra edad era una locura…  pero no le hicimos caso, ni a él ni a la edad, Marcel ganaba bien su vida y era nuestra locura…  pero el tiempo que es puñetero y de poner las cosas en su sitio me devolvió el desprecio, y esa tarde nefasta del 13 de julio del 85 – 13 tenía que ser – Marcel cayó fulminado en le jardín mientras pasaba el corta césped. ¡Qué forma más absurda de palmarla!, Marcel era una persona extraordinario quien se merecía morir de cualquier forma menos esa, era un Señor no un cualquiera, pero la muerte no tiene compasión y le dejó tirado agarrado a una herramienta banal y fea… Hubiese preferido que le pegasen un tiro unos mafiosos, que le hubiese corneado un toro de lidia, cualquier cosa menos esa… de todas las penas esa fue la más grande… fue peor que la de la Pantoja al morirse paquirrin o la de Carolina al ver a su italiano guapo hundirse en el mar…
UN ESPANTO
Otra vez me encontré sola y endeudada hasta las cejas… porque no era viuda de nadie… sólo era la que lloraba mientras la familia de Marcel anterior a lo nuestro, no parecía que le iba a echar de menos, aparecieron en el notario y si te he visto no me acuerdo, se despidieron con un socorrido “gracias por haberle cuidado hasta su final”…

En la soledad de mi casa, volvieron los recibos impagados a visitarme… como vaticinó mi hijo podía perder hasta mi casa… Alquilé el piso de Alicante por una miseria, de todas formas no quería volver allí, vivía de la renta que me proporcionaba el chalet de Torrevieja – la única buena inversión que hice en mi vida – pero fuera de temporada sólo me quedaba rezar a Santa Rita y a San Judas… Pronto llegué a la conclusión de que me tenía que poner a trabajar pero con uno s50 y tantos años ¿de qué?… no quería volver a alquilar una habitación a unos estudiantes extranjeros… ya no valía como “señorita de compañía” … otra vez volví a los anuncios del periódico… y encontré la que me salvó la vida y no sólo mis menguadas finanzas…

SE BUSCA SEÑORA PARA CUIDAR DOS NIÑOS DE 4 Y 7 AÑOS… EXIGIMOS BUENA EDUCACIÓN Y CULTURA, SE VALORARÁ UN IDIOMA EXTRANJERO, SERÁ CARIÑOSA Y EXIGENTE… LA PERSONA CONTRATADA NO SE OCUPARÁ DE LAS TAREAS DEL HOGAR SÓLO SE DEDICARÁ A LOS NIÑOS. BUENA RENUMERACIÓN

Qué quería esa familia ¿Marry Popins o la señorita Rottenmeyer? Pensé… Qué más daba podía hacer de las dos… Me levanté, me puse el abrigo rojo que me compró Marcel en París y un collar de perla de mi madre “¡Carmencita allá vamos, Pechos palante y moño tirante !”… y así empezó otra aventura

TERMINA EL CAPÍTULO 7 DE LA FIERA DE MI SUEGRA…
La próxima vez: Cuando mi suegra se hizo madre a la edad de ser abuela y conoció a su nuera-negra o sea la menda Crueladeval-relatadora de momentos suegriles en su momento de ocio