La fiera de mi suegra. Capítulo 8

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Me contrataron a la primera, claramente no se habían esperado a una postulante con mi perfil y envergadura, vestida de Chanel – uno de los últimos regalos de mi querido Marcel, estuve varias veces a punto de venderlo, mi hermana era firme candidata (y eso por encima de mi cadáver) pero siempre preferí pasar hambre a vender mi ropa además lo de no comer tiene de bueno que te sirve de dieta y luces mejor la prenda, todo son ventajas si te paras a pensar en positivo-  y con la pinta de una secretaria de la ONU, de hecho la criada quien me vino a abrir la puerta, al enterarse de que yo también venía a por lo del anuncio se quedó de piedra y exclamó “caray pero si tienes más pinta de directora de colegio que de cuidadora de niños” y supe de inmediato que no lo dijo en plan admirativo sino más bien en el sentido de “paque te pones de mona y chic tonta, que a la primera vomitona de la nena estarás hecha un ecce homo”, yo la contesté mediante mirada de hielo y entré en un salón que tenía el tamaño de un Bernabeu y medio, o eso me pareció a mí, las paredes llenas de estanterías de madera noble y encerada, repletas de libros y carpetas… los sillones de cuero invitaban a sentarse y el fuego que bailaba en la chimenea me recordó a una de esas noches locas que tuve de joven con el hijo tonto de un marqués conocido de mi padre, el pobre acabó chamuscado en todos los sentidos, bref otra historia… también habían un montón de objetos bonitos y antigüedades, me hubiese gustado cotillear un poco pero una voz me sacó de mis ensoñaciones… detrás de un escritorio de caoba estaba una anciana, de pelo crespo y nariz que hoy dirían con personalidad pero yo reconocí como judía… justo encima de la mesa un candelabro de 7 brazos me confirmó que – santo cielo cómo mi padre levantase cabeza – había caído en una casa Judea masónica…

Hago un inciso, no hay que olvidar que yo nací en el seno de una familia de la alta burguesía zaragozana que posteriormente se abrazó al franquismo con ganas y devoción… entre otras cosas por mi padre quien nació señorito, se encontró por azar en el lado nacional y tampoco pudo escoger mucho pero digamos que tenía poca alma de mártir y en cambio mucha nariz para los negocios, vamos que tuvo claro dónde estarían los vencedores y cómo sacar provecho de ellos, su boda con mi madre le acabó de situar. Mi padre por lo tanto era un anti comunistas declarado y les culpaba hasta de las pertinaces sequías, desde pequeña me enseñaron que todo lo malo tenía el rojo por color y yo quien siempre fui disoluta lo escogí como preferido, en la ropa se entiende. En los tiempos dorados de la dictadura franquista, comunismo y judaísmo iban de la mano, cosa que yo personalmente nunca entendí puesto que sabíamos todos que quien llevaba las riendas del capitalismo americano – muy en olor de santidad en España – eran precisamente los judíos. Pero los 40 años de paz tuvieron eso de bueno, siempre se miraba hacia lo que más convenía y se contaba las verdades a medias, el pueblo de todas formas no las entendería, repetía mi padre. Cuando los azares de mi vida me llevaron a Bélgica, mis ideas casi innatas acerca de los judíos-comunistas se vieron, como muchas otras cosas, trastocadas. Descubrí que tanto los judíos como los comunistas estaban de moda, la gauche divine estaba plagada de ellos, de la mano de Simone Signoret y su marido Yves Montand, que se llamaba de verdad Ivo Levy y del cual me enamoré en plan Marilyn Monroe, Sartre y Beauvoir, descubrí que ser de izquierdas nada tenía que ver con ser rojos. Luego mi hijo empezó a relatarme los horrores del holocausto que les enseñaban en su clase de historia – cosa que en España nos habían” eufemismizado “bastante. Todo eso provocó en mí una revolución de ideales y pensamientos que hasta me llevó al contubernio, de allí que al encontrarme con esa abuela claramente judía me acordé de mi padre y de su reacción su supiese que ,yo, su hija acabaría siendo cuidadora de unos niños judíos. Cierro el inciso

Era evidente que a esa señora yo la estaba perturbando un montón. Porque y modestia aparte, yo encajaba mejor de dueña de este salón que de demandante de empleo. De hecho ella iba hecha un adefesio… lo cual hizo que mi entrevista de trabajo fue bastante surrealista, ella parecía la que estaba desesperada por salir de la miseria y yo una señora burguesa que busca una buena educación para sus nietos. Se puso las gafas y yo saqué las mías – unas con montura de oro que no me valía pero había decidido que me daba aspecto de profesional de la enseñanza. Me pidió referencias, no tenía ni una, sólo era una madre quien además no lo había hecho muy bien sobretodo en cuanto a los estudios de su hijo que no había supervisado ni un poco. Me preguntó por mi experiencia académica, tampoco tenía ninguna, a mí me habían educado para ser la perfecta ama de casa y no para trabajar ni muchísimos menos para ocuparme de la educación de niños judíos ajenos. Todavía no sé cómo esa señora no me enseñó la puerta a la segunda pregunta. Ante la clara evidencia de que no convenía para el puesto, mi aplomo interior se derrumbó, el exterior JAMÁS así que muy digna me levanté para despedirme. Pero ella me dijo “espérese un momento, por lo menos quiero que la conozca los niños, ellos también tienen que opinar”. Entraron un niño y una niña, de unos 7 y 5 años… ambos se quedaron mudos, supongo que no encajaba con las demás candidatas de 20 años que habían conocido antes. Eran muy pálidos ambos, muy serios, les pregunté por su nombre, contestaron al unísono. La niña me preguntó el mío; Carmen, ella me miró entusiasmada, “qué bonito es” “tú si que eres bonita, te pareces a Shirley Temple” y el niño entonces se soltó “de dónde vienes, hablas raro”- “Soy deEspaña” y el niño sonrió “de verdad, hemos estado allí de vacaciones hacía calor y era muy bonito, conoces San Juan”… Si supieras pensé yo allí en esta playa es donde me dejé embarazar  “sí allí iba yo también de vacaciones”, y “me enseñas a decir algo en Español”  “claro, señorito”… La niña se acercaba cada vez más a mí… y la subí en mis rodillas, se puso a jugar con mi collar de perlas… el niño seguía preguntándome cosas “¿tienes niños? ¿Dónde vives¿? ¿Cuántos años tienes?” y le contestaba embobada por lo listo que se le veía al crío y lo tierna que era su hermana…

La abuela dio por acabado el interrogatorio y les mandó a sus habitaciones, me extrañó que se fuesen sin protestar… Yo ya me ponía el abrigo y le tendí la mano al abuela en señal de despedida… pero ella me mandó sentar y me dijo esas palabras “hace 45 años salí de un campo, sola, la cruz roja localizó a uno de mis hermanos quien había podido huir y pasó la guerra escondido en casa de una familia belga que también aceptó hacerse cargo de mí. Estudié enfermería, me casé, tuve una hija, la madre de los niños que usted acaba de conocer, es médico como su marido, no tienen tiempo para nada nadie, ni para ellos, a sus hijos los quieren pero… sus mutuas carreras les absorben, buscan a una persona para sustituir sus ausencias, alguien que les eduque en vez de ellos, yo estoy cansada y mayor para ocuparme de ellos todo el tiempo…quieren a alguien que les controle, les ayuden con los deberes, que procura que sean modélicos y perfectos vamos que molesten poco, pero no tienen tiempo de escoger a esa persona, así que me han encargado a mí esa tarea. A mí me da rabia, yo salí de la muerte y odio ver cómo mi hija desperdicia casi desprecia su vida por su trabajo. Usted sin duda no es del perfil que ellos desean pero yo he reconocido en usted dos cosas; lo desesperada que está y no sólo por cuestión de dinero y que es usted una madre. Y como se supone que mi hija y yerno se fían de mi criterio pues la elijo a usted, que se encarguen los profesores de sus estudios, me encargaré de las buenas maneras y usted encárguese de mal criarlos y que sean más gamberros, creo que es ideal para eso.

Y así cómo entré en la casa de los Meyers y como esa señorita de padre franquista, esa oveja descarriada que siempre fui a ojos de mi familia, esa consentida de buena familia se hizo madre alocada de dos niños encantadores, y mejor amiga de una anciana (y eso que sólo me llevaba unos 10 años, pero claro su juventud no fue la mía) comunista porque sí lo era, judía pero no practicante, feminista y seguro la persona más inteligente, culta y brillante que el azar me dio a conocer. Y sí esta superviviente me salvó la vida, porque me queda un último gusto por superar; el último hombre de mi vida también me dejaba.  Mi hijo y su novia decidieron dejar Bélgica para instalarse en España, ese país del cual yo me sentía cada vez extranjera. Le consideré ingratitud pero evidentemente me lo callé, se esperaba una multitud de chantajes emocionales que no salieron de mi boca… al final se había encontrado y terminó por encontrarte a ti, toda una sorpresa de la cual a veces sigo sin reponerme…

PROXIMA CAPÍTULO “DE CUANDO MI SUEGRA ME CONOCIÓ Y ME DIO DOS TELEDIARIOS”