La tinta es fetiche

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Cada persona considera el fetichismo a su manera, muchos coincidimos en varias teorías, como que ese “objeto” sirve de amuleto,  transmite poderes o nos abstrae de nuestros pensamientos…

Karl Max o Sigmund Freud, fueron portadores de muchas de estas teorías, a las cuales, se sumó el sadomasoquismo como forma de representarlo. El sadismo es un acto cruel y de dominio, pero el masoquismo tiene muchas más connotaciones ideológicas. La sensación de control sobre impulsos innatos, el alivio de sentimientos de culpa a través del castigo, la liberación de traumas o malas experiencias, vivir en ese papel de “víctima” sufrida sintiéndose realizada a cambio de sacrificio…

El cerebro, mediante la excitación crea endorfinas naturales en respuesta al dolor, miedo y algunos irónicos placeres. Esto genera un pequeño tipo de adicción a esa sensación placentera que puede desarrollarse al gusto del consumidor.

Los tatuajes son un gran ejemplo de fetichismo. A la misma vez que satisfaces esa “necesidad” personal a través del dolor, generas endorfinas que te hacen sentir mejor o incluso excitado por ello. Es lo que llamamos en el gremio: “un dolor muy rico”.

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[En faena]
 
Mucha gente se tatúa para finalizar etapas, para realzar cambios positivos, para memorar algo, por amor al arte o por moda. Sea como fuere resulta un sacrificio que pasa por una etapa de dolor, que finalmente resulta placentera, porque es algo que quieren y en muchos casos, necesitan. Desde el punto técnico, es plasmar una imagen de por vida que represente algo para quien se lo hace, normalmente tiene un vinculo personal, que es lo que les lleva a tomar la decisión de hacerlo, pero en ocasiones toman otro significado más estético. Para muchas personas tatuarse forma parte de un cambio de imagen e implica a veces, una dura decisión puesto que no tiene fácil retorno y es doloroso. A pesar de ello, dar el paso y tatuarse no implica otro fin que satisfacer.

Ser un lienzo andante, una muestra de arte a través del dolor puede aportar a nivel personal fortaleza y orgullo. La gente sabe que has sufrido por ello y sabe también, que si tienes tantos, es que lo has aguantado, eso aumenta el ego. Y puede hacerte ver a ti mismo con mejores ojos.

A muchas personas les gustan los tatuajes, les da morbo verlos, tenerlos o incluso hacerlos. Forma parte de un proceso muy ambiguo de dolor y placer.

Puedes pensar que esa chica tatuada es mas ruda, porque ha tenido la capacidad de aguantarlo y eso “te pone”. O más sexy porque, a nivel estético, el tatuaje le queda bien. Puedes tatuarte y ver que eres objeto de miradas. Llamas la atención, te gusta y por ello, eres capaz de querer más. Es cuestión de gustos personales y de eso, hay infinidad.

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[Parte de mis fetiche]

Hay gente que se declara adicta a la tinta, por motivos que sólo ellos saben, siempre quieren más y siempre se ven mejor. Es cierto que físicamente el cuerpo reacciona con placer al dolor y que esta sensación se está abriendo camino socialmente, pero también es cierto que en algunas ocasiones está sobrevalorado.

La moda ha creado tendencias, en las que el tatuaje está a la orden del día, haciendo que este fetiche se convierta en un complemento más. El que antes lo hacía por placer o rebeldía, ahora lo hace, únicamente, por estética.

Lo que nunca cambiará es el valor que le damos a las cosas y como las soportamos, como nos gusta satisfacer nuestras necesidades y hasta dónde somos capaces de llegar por conseguir más. Siempre seremos carne de ganado, con vicios y ambiciones, dispuestos a sacrificarnos por conseguir placer. Siempre seremos fetichistas.
 
Sara Stones es tatuadora, ilustradora, técnica en artes plásticas diseño de interiores y arquitectura efímera y directora creativa en Stones camisetas alternativas. La encontrarás en su facebook.