Camino del exceso

SHAREShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on Pinterest

editorial

antoniamagcover029

De un tiempo a esta parte todo en mi vida llega en dosis excesivas: la felicidad, la pena, el estrés, el trabajo, el frío, el calor, la indignación, el orgullo, la vergüenza ajena…

No sé si es una señal de madurez o de cierto desequilibrio, pero cada vez me afecta más todo, aunque también tenga más recursos para superarlo.

Este mes del año, en concreto, supone para mí la acumulación de todo lo que me causa quebraderos de cabeza. Diciembre, en ANTONIA, suele ir acompañado casi siempre del “bloqueo creativo”, una eufemística manera de explicar que no se me ocurre nada, ni qué poner en portada, ni de qué hablar… un desastre.

Estos días se amontonan los compromisos ineludibles, cenas, reuniones, proyectos que deberías haber acabado (y ni siquiera has empezado), amigos, familia, regalos que comprar… otro desastre.

Yo no sé vosotras, pero, personalmente, es un mes que me gustaría borrar del calendario… ¡la cantidad de cosas que hago y que no haría ni por todo el oro del mundo, pero es mi obligación!

Y es que este mes, y las fiestas que con él llegan, suponen el exceso, de todo. Cosas que compras para regalar a alguien que ni siquiera lo tomará en cuenta, caminatas que te pegas para encontrar “eso” que le entusiasma a tu hijo (pero que despertará su interés únicamente un día o dos), armarios revueltos para encontrar lo que te pondrás para la cena de la empresa (y verás que nada te queda como debería, y tendrás que comprar más, o, mejor aún, no ir), sumas y restas mentales constantes, para ver cuánto puedes gastar y en cuánto te estás pasando… No me gusta este mes, nada.

animacionokSe supone que es para pasarlo bien, pero no hay manera…

¿Os imagináis adoptar otra personalidad estos días, la de alguien realmente excesivo, y por fin hacer lo que os de la gana?

Pues algo así he hecho yo: me he transmutado en una especie de Mariana Nannis (#fanfan), de mujerona rica, de borracha descocada, y me he desmelenado en portada. Por una vez voy a ser otra distinta.

Estos días, cuando llegue a casa ya anochecido, con el tiempo justo de darle la cena a mi hijo y acostarle, cuando piense que aún me queda una hora o dos de trabajo extra frente al ordenador, cuando haga recuento en la agenda de todo lo que tengo que hacer los siguientes días, miraré la portada de este mes y diré “mira qué loca, cómo se lo está pasando la Antonia”, y pensaré que, bueno, un poquito de EXCESO de vez en cuando tampoco está mal.

Pasáoslo lo mejor que podáis estos días, antonias, pero recordad que “noches de desenfreno, mañanas de ibuprofeno”. ¡FELIZ MABI-DAD!

Vuestra rendida admiradora,
Mabi Barbas, la Jefa

Muchas, muchísimas gracias a Rui Cunha, el director de contenidos audiovisuales de ANTONIA, el genio de cuya cabeza salen todos esos maravillosos vídeos que veis y con los que os partís la caja todos los meses, que es capaz de seguirme en mis locuras, y que sin él esto no tendría ni la décima parte de calidad que tiene.

También les quiero dar las gracias de manera especial a Laura, Miguel, Zapp y MJ, que son mi equipo, sí, pero primero son mis amigos y los locos invencibles que me siguen donde quiera que voy.

A los pies de ESE GRUPO (ellos saben perfectamente quiénes son) que me aportan más conocimiento e ideas de las que podría soñar. Mentes brillantes e increíbles personas: “HOS HAMO”.

Gracias, y un achuchón enorme, a todos el resto del equipo de ANTONIA (Inés, Noelia, Elisa, Iván, Leticia, Cruela, Elizabeth, Fernando, Casquete, , Daniel, Lucio…), esos colaboradores que están en Madrid, Londres, en Nueva York, en Barcelona, en Galicia, en Asturias… Hay antonias por todas partes.

Y gracias a Louis Bou (y a Angell por su hospitalidad), porque sabiendo que soy mala malísima para ponerme delante de una cámara y ser dirigida, ha conseguido sacar de mí algo decente.

Gracias, finalmente, a Adobe Photoshop y a su filtro “Licuar”, porque estoy buena, sí, pero tengo cuarenta y tres tacos, como y bebo lo que me da la gana, y no piso un gimnasio desde… no piso un gimnasio, vaya. No hace falta dar más explicaciones.