Palos de ciego

A photo by Annie Spratt. unsplash.com/photos/ZVQhy9KGoSY
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El futuro editorial será digital o no será. No hay vuelta atrás. Por mucho que los enamorados del papel soñemos con la vuelta de esa época dorada (en la que buceábamos por las librerías y quioscos especializados, buscando esa joya en forma de revista de arte, de moda, o de fotografía) esos tiempos no volverán.

Pero el paso de una era a otra está siendo complicado. Los millenials, esa generación que es la que dicta lo que va a ser el futuro en los medios, no quieren lo que le estamos ofreciendo. Me aventuraría a afirmar que es porque los que hacemos los contenidos no sabemos hacer otra cosa que lo que hacíamos antes.

Entre Yung Beef y Olivia Palermo hay una vasta llanura, donde están todos esos temas que les interesan y que no hemos sabido descubrir. Entre los chavales del trap y las niñas de los trapos (ha sido un chiste fácil, sorry), estamos dando palos de ciego.

Los usuarios de los contenidos digitales (los que estamos en medio, la gran mayoría) no estamos interesados ni en una cosa ni en otra, que no nos engañemos, son nichos, uno a cada extremo.

Quién no recuerda estar en una discoteca y encontrarse con ese señor de cincuenta y muchos, el juergas de toda la vida, y pensar “mira el viejo de la disco haciéndose el guay”… Pues eso es lo que pienso cuando veo y leo la desesperación con que las publicaciones incluyen contenidos (los mismos, todas) para esa generación de millenials, pero escritos por gente que viene de otra generación muy anterior, que en el fondo ni los comparte, ni le entusiasma, ni piensa que sea otra cosa más que una soberana soplapollez. Y se nota, joder si se nota. Son el viejo de la disco disfrazado de adolescente.

Exigen a los redactores artículos sobre frikadas, porque las publicaciones que empezaron a hacerlo les han comido el terreno (BuzzFeed, Vice, Playground). Intercalan artículos “serios” y galerías sobre cosas absurdas, porque hay que generar tráfico, y todos los medios se convierten en una especie de ensaladilla extraña, con mucho de todo, de tal modo que ya no sabe una qué está leyendo ni a quién.

Los artículos de opinión y análisis han sido casi desterrados de los medios, en beneficio de los de periodismo de datos (¡qué cruz!) y las dichosas galerías. Hasta el tono hay que suavizarlo. El eufemismo es el rey. Todo tibio, no vaya a ser que se enfade el anunciante, o ese jefazo que decía en medio de la redacción “joder, este número está lleno de maricones”.

Pues ESE es el que luego quiere captar a los millenials, bueno, a su dinero. Mientras los dinosaurios sigan dictando cuáles son los contenidos, aquí no avanzaremos, seguiremos dando palos de ciego.

El futuro editorial será digital o no será, pero para eso tiene que haber un cambio profundo en todo el sistema, empezando desde arriba.