Influencers (III)

Me preguntaba un amigo hace un par de días si no pensaba a veces que nos ha tocado vivir una modernidad muy vacía, si los modernos siempre han sido así, y no tenemos una visión distorsionada de otras épocas.

Por edad, me ha tocado ya vivir unas cuantas modernidades, desde la adolescencia hasta ahora. Algunas veces viendo el proceso desde la barrera, y otras participando activamente en movimientos culturales. Creo que, al menos las modernidades que me tocaron vivir, tenían todas el imprescindible punto de transgredir, costumbres, formas y, sobre todo, reglas.

Todas las “transgresiones” que veo ahora están dirigidas al consumo.

Estos modernos no transgreden una mierda. Siguen las reglas de la sociedad de consumo: vamos a vender. Hasta los que pretenden ir de radicales lo hacen con un fin: influir y que les capten las marcas, y me parece muy lícito, pero que no me cuenten milongas.

Vivimos en la época en que juventud se toma como sinónimo de MEJOR, cuando la juventud, per se, es un período de ensayo-error constante. Repito, ensayo-error, E-R-R-O-R.

A mi alrededor tengo amigos que hablan de “los viejos” como si ellos no hubieran dejado atrás los veinte años, hace bastante más de una década, por cierto.

Creerse joven y creerse moderno son dos señales inequívocas de que ni se es joven ni se es moderno.

¿Podría ser, sólo tal vez, que estemos confundiendo la tontería de la juventud con un mensaje?, insistía mi amigo. Con un mensaje IMPORTANTE, querrás decir, o con la verdad absoluta, o que lo nuevo siempre es mejor, le respondí yo.

Porque el texto cambia según la década que atravieses: los 40 son los nuevos 30, los 50 son los nuevos 40, y así sucesivamente. Como si crecer NO SIRVIERA PARA NADA. Como si la experiencia, saber hacer las cosas y tener ideas, fuera incompatible con tener más de veinte años. Como si tuviera que ir unido a el despreciar el trabajo de años.

Es más, como si la experiencia acumulada no valiera una mierda para tener un espíritu crítico. A veces tienes razón y a veces no, pero hace falta que alguien te obligue a pensar si no te estarás equivocando. Que alguien te enseñe que el emperador va desnudo. Si te lo dice un contemporáneo vale, pero si te lo dice alguien que te saca 10, 20, 30 años, es un ser caduco, hostil y anquilosado. A los mayores no se nos permite tener EL MISMO espíritu crítico que los jóvenes. ¿No tenemos derecho, o cómo va esto?

Lamento deciros a todos vosotros, Liams, Rodrigos, Paulas, Davides, Victorias, Borjas, modernos, en general… que yo, todo esto, lo he vivido al menos cinco o seis veces antes. La diferencia es que yo, algo, aunque sea poco, he aprendido: QUE NO SÉ UNA MIERDA. Vosotros, no habéis entendido nada. Qué DESPERDICIO (porque tontos, no sois).
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