Más fetiches, menos fobias

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Es martes y llueve. Fetiche.
Es complicado saber el momento exacto en el que algo se convirtió en un fetiche. Salvando parafilias… ¿Cómo se pasa de la fascinación al fetichismo? Realmente, no lo se. No recuerdo cada proceso, en algunos intuyo ciertas influencias externas. Pero cuesta llegar al origen del asunto, sobre todo si no somos conscientes de ello o no queremos serlo. No es algo que uno se plantea cada mañana, pero cuando lo haces te das cuenta que como en muchos aspectos de esta vida, lo negativo resulta más sencillo. Está bien visto hablar de fobias pero no tanto de filias. Puedes confesar tu miedo atroz a las arañas, pero no digas muy alto que un objeto te excita ( aunque eso no haga daño a nadie ).

Creo en la existencia de un fetichismo más allá de lo sexual, aunque sea lo primero que se nos venga a la cabeza y compartamos básicos confesables como zapatos, cuero, lencería y otros que nos reservamos. No por pudor sino por derecho.

Algunas somos breakfast victims, vivimos en una bañera virtual, sentimos predilección por el negro, devoción por las camisetas blancas (sobre todo en ellos), obsesión por las tipografías, vocación por la lengua danesa. Y como tantos, pasión por la moda, fervor por la música, amor por los libros, seducción por cualquier forma de arte y atracción por infinidad de cosas.

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[Bodegón de fetiches. Minervísima]

Unas gafas, no de sol, de vista. Un complemento necesario para muchos que despierta en mi cierto entusiasmo. No puedo evitarlo, ni quiero.

La dualidad de admirar la escena de un hombre afeitarse y que te prive una barba.

Aquel momento, aquella canción. Ese olor…

Algunas cosas bizarras, como ir por casa a lo gran Lebowski, las películas de Kevin Smith o los asesinos en serie.

La inclinación por los hombres altos, aquí tiene la culpa mi madre. Y aunque Mr. Ward no lo sea especialmente… Lo siento, mamá, es fetiche.

Rita Hayworth, Glenn Ford, Bette Davis, Paul Newman, Lauren Bacall. La Sean-trísima trinidad: Connery, Penn y O’pry. Linda Evangelista, Naomi Campbell, Noah Mills, Kate Moening, Mónica Belucci, Jamie Dornan, Eliza Cummings, Freja Beha, David Bowie,Tilda Swinton,…  

Convertimos a personajes en objeto de deseo porque la belleza y lo célebre se antojan también como parte de un fetichismo colectivo, pero rodearse de un misterio forma parte del juego también. El anonimato también es fetiche.

Guardo en una caja de plata vintage (vintage del de verdad) piezas de culto. Llevadas durante años por otra culpable de muchas filias que tengo: Mi abuela.

Tengo una colección de pertenencias, algunas lucidas en bailes que ahora solo se ven en películas de cine clásico, otras de diario que para nadie tendrían valor.

No concebía un brillo de labios, era carmín. Mi fascinación por verla maquillarse se convirtió en un fetiche para mi, como lo es la polvera de nácar que su padre le regaló al cumplir 15 años y que ahora conservo como un tesoro. Como los son tantos enseres de plata, entre ellos unas seis cruces, a cual más madonniana. No hay casualidad. El sentimiento de fanatismo por Madonna lo sembró ella también, cuando puso en las manos de una niña el LP de True Blue y ya no hubo vuelta atrás. Ella es como una plegaria.

Cierto jefa, hacer este tipo de confesiones puede despertar melancolía. Y para ser justas te he acompañado. El desnudo no deja de ser fetiche.

¿Debería ahora romper la magia hablando de fustas y arneses ?

Podría hacerlo, pero mejor, otro día.  

Ser Antonia es una actitud, la gente de Antonia es fetiche. Es así como llamo a aquellos que me gustan, me aportan y despiertan en mi cierta admiración y amor del duro.

Gracias a todos, a cada confesión y aportación a este número, que por supuesto se ha convertido en fetiche también.

“Soy de gustos simples, me satisfago con lo mejor”. ( Oscar Wilde )
Minervísima, Antonia y fetichista.