El top 5 de empotramientos que puedo revelar

SHAREShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on Pinterest

Opino que Londres es una gran ciudad para ser empotrado/a. He escuchado muchas barbaridades a lo largo de todos estos años. Y la verdad, a mí todo esta locura e ida de olla que hay con el sexo hoy en día, me dañan la sensibilidad. Supongo que tengo demasiados amigos gays y demasiadas amigas, llamémoslas ‘guarras’, con lo cual, lo que mis oídos han tenido que escuchar para mí se queda. Pero lo que sí puedo contar hoy, son los casos más divertidos de alguno de estos gays y guarrillas.

Tengo una conocida que comparte piso con una pareja y con otro más. Resulta que la pobre entre copas y demás, acabó confesándome lo que tenía que sufrir cada mañana. “No tengo que poner despertador…”, “ellos, (la pareja), me despiertan todos los días a la misma hora…”. A ver, lo primero, la puerta la dejan entreabierta, las paredes no son muy gruesas, así que esta pobre chica se tiene que despertar todos los días con los gemidos de la de al lado, una vez que esto ha captado su atención, empiezan el sonido de palmadas, no se sabe si es él, azotándola, o es el choque del trasero con el empotrador, y no teniendo bastante con este panorama diario, lo último ha sido lo siguiente, tras todo este espectáculo, tuvo que escuchar lo siguiente, “Por ahí no que ya te he dicho que duele”. Esto nos lo cuenta a mí y al otro compi, éste indignado, que si que pedazo de guarra, ya podrían cerrar la puerta… Pues resulta que este que tanto habla, le empotraron el otro día en la barra, cuarto de baño, del cual lo echaron y no tiendo bastante, le volvieron a empotrar en un sofá que por allí había. Y esto no me lo han contado, lo he visto yo. Sí, a veces voy a unos sitios un poco fuertes, ahora entiendo que mis amigos heteros no quieran salir conmigo…

Después está el caso de esta amiga. Tras acabar el rodaje de una película muy importante en el que ella había participado, llega la fiesta del equipo. Una mega fiesta por todo lo alto, que se celebraba en un edificio emblemático de esta ciudad. Allí está la tía entretenida con sus martinis cuando se cruza con un machote, el cual le desnuda con la mirada. En ese momento, ella ya se pone cachonda, sin poderse quitar de la cabeza lo que acaba de ocurrir, decide que se va a una house party con sus compañeras. Todo esto ya, ciega como un piojo. Estando allí sube al baño, cruzándose de nuevo con el machote por la escalera, ella entra en el baño y sin pensárselo twice, suelta “tsi tsi” él se vuelve, “come here and fuck me”, le dice ella. Y así es como acabaron dándole pal pelo de mala manera. Después todo aquello acabó un poco en drama, pero es que a veces estos actos tienen sus consecuencias.

Este siguiente caso lo viví en directo. Una fiesta de cumpleaños, 50 gays y yo. El morao ya iba avanzando cuando me llega mi hermano riéndose y sin poder decir más de dos palabras seguidas, consigo entender que al cumpleañero le están empotrando en el trastero, trastero que tengo que aclarar que medía 1×1 y era la puerta contigua al baño. Bajamos la música y allí que nos fuimos todos a escuchar como al “volcano” de mi amigo, así lo llamamos por el calor que desprendía, le dieron un buen regalo de cumpleaños.

Pero para caliente esta última, puede que sea la persona más guarra, cachonda y loca por el sexo que he conocido en mi vida. Corría el año 2007 cuando esta chica y sus compañeros de piso deciden ir a tomar una pinta a un pub gay situado debajo de la casa. Esta se desmadra y empieza a gritar y a rallar a la peña diciendo que hacía 6 meses que no le daban rabo, que no podía más. El dueño del bar pide a sus amigos que se la lleven de allí. La suben para el piso, la tienen que acostar, esa mujer empieza a vomitar como una perra, estos le quitan la ropa vomitada. Dejan allí lo que parecía ser una mujer en un estado de embriaguez máximo, cosa que llevó a suponer que no daría más problemas.

Cuál es la sorpresa que cuando estos dos se encontraban en la planta de arriba, escuchan la puerta de la calle cerrarse. Estos se miran diciendo, ¡no es posible!!. Corren hacía abajo y, efectivamente, no se encontraba allí, pero cuando salieron a buscarla era demasiado tarde. Había desparecido. Tras buscar por las 15 plantas del edificio, hacer un par de llamadas a otros colegas pidiendo ayuda, sin obtener respuesta deciden volver al piso, pero antes de entrar en él, miran a la puerta de al lado que se abre y de ésta sale ella, en tetas, y recién empotrada por un inglés tipo hooligan, ex-presidiario y camello en aquel momento, la fantasía de todas, sí señor.

Y así termino Antonias. El día que la psiquiatra me cure este issue que tengo con el sexo, os podré contar más. Pero a día de hoy, como dice una amiga mía, hasta aquí puedo leer.