Metiendo el Hociquito

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antoniamagazine-ratatouilleespisto-popin-02Hace un mes, cargada con mis gallinas y mi maletita de cartón, aterrice en París, lo cual, fue genial después de llevar un par de años suspendida por el  aire. Después de pasar un Jet lag de una semana, dando saltitos como una niña gordita en una tienda de caramelos de colores, me sobrevino una de las preguntas más transcendentales, que como buena provinciana española me podría sobrevenir  – y aquí, ¿por dónde se sale?-. No voy a entrar en detalles sobre lo que se puede denominar gran pelusa gigante con colmillos y mocos que fue la respuesta a esa pregunta.

En general, los bares cierran cerca de las dos, y los locales de horario más amplio que he tenido el placer de visitar son de corte  básico muy regulero, en su mayoría, mucha lycra inoportuna y mucho aspirante a yupi a medio camino entre depredador y qué-me-estás-contando.

Así que, cuando llegue un día, por casualidades de la vida y recomendaciones muy bien encaminadas, al Pop-in, casi se me saltaron las lágrimas.

Está a apenas a diez minutos andando de Bastilla, y lo puedes identificar fácilmente porque hay un montón gente, en su mayoría “guapa”, en la puerta, fumando y charlando. Entras y respiras en buenrollismo en el ambiente, salvo por los habituales que siempre hay en todos los bares de bien que no saben  como han llegado a ese sitio tan “raro”. El despacho de bebidas es bastante rápido y sonriente, lo cual siempre es de agradecer.

antoniamagazine-ratatouilleespisto-popin-03La música que te puedes encontrar en fin de semana es el brit-pop más clásico, sin concesiones a grupos clónicos, y con más tendencia al engorile que a las piruletas, aunque, cuando las llevas de serie, como es mi caso, tampoco las echas de menos.

En general, la mayor parte de la gente es francesa, de edad indeterminada y conocedora de los buenos usos y costumbres en los bares abarrotados; también hay algún grupete suelto de jovencitos británicos. No  he coincidido con otros españoles, que, por desgracia, solemos ser bastante identificables.

A mano derecha, hay unas pequeñas escaleritas, en París, las escaleras son pequeñas y empinadas en la mayoría del los bares y, todavía, no he visto a nadie caerse, así que toquemos madera. Subes esas escaleritas y hay dos espacios con sofás y otra barra, la música un pelín más bajita y gente charlando, cantando o haciendo esas cosas que se supone se hacen en París. La verdad es que el ambiente resulta simpático y relajado, no hay postureo, ni miradas de soslayo.

En un ladito hay un agujero con unas escaleritas, aún, más empinadas que bajan a una dimensión totalmente diferente, un mini antro de perversión maravilloso. Paredes lisas poca luz, pero de color, una cabina en una esquinita, y gente bailando, totalmente despreocupada que es algo que me emociona siempre, soy así de sentimental.

Al fondo hay como un pequeño sobrenivel dónde normalmente hay algún modernérrimo, super entrañable,  haciendo su particular homenaje al video clip Vogue de Madonna. Este sobrenivel también sirve, a modo de escenario para los distintos conciertos  que suele haber todas las semanas

INFORMACIÓN ADICIONAL
Horario:
hasta las 2 (más o menos), todos los días
Precio: medio  en París
Web http://popin.fr/
Hombres: Surtido variado
Mujeres: Normalitas

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105 Rue Amelot
75011, Paris

Métro : Saint Sebastien Froissart (8) o Oberkampf (9 & 5)