Spain is diferent

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“Fue el 11 de octubre de hace más de 40 años… Lo recuerdo perfectamente, como si fuera ayer. Tu padre iba muy nervioso, yo, en cambio, estaba muy emocionada. Imagínate, nunca habíamos subido en un avión y aquello nos asustaba un poco, y claro, el idioma también influía… no teníamos ni idea de inglés, pero allá fuimos.

Yo llevaba un hatillo con bocadillos y bebidas, antes no era como ahora, que son tan estrictos y cargados de tonterías. Nosotros nos subimos al avión nuestros bocadillos de jamón de la última matanza del pueblo de tu padre, que rico… a saber cuando volveríamos a comer algo así. Fueron 36 horas de viaje, y 7 escalas. Ahora hay un vuelo directo, pero hace 40 años tuvimos que parar en varios países. A mi aquello me parecía una gran aventura, aeropuertos inmensos, caras diferentes, culturas e idiomas que jamás había visto ni escuchado. En cambio, tu padre seguía muy nervioso.

Llegamos a Sidney por la tarde, hacía muchísima calor y un sol radiante nos dio la bienvenida. Supe que había sido una decisión acertada… ¡”

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Este es el principio de la historia en blanco y negro que hace unos días me recordó mi madre sobre la aventura más emocionante de su vida. Hace más de 40 años, mis padres emigraron a Australia buscando una vida mejor, como hicieron miles y miles de españoles, que sin tener estudios y sin saber otro idioma que el de su hogar, se lanzaron a buscar su oportunidad en diferentes países. ¡Valientes!

Mis padres se adaptaron a la vida australiana, trabajaron, aprendieron inglés y nuevas costumbres y conocieron a gentes de todas partes del mundo que, como ellos, habían llegado a Sidney en busca de un trabajo y una vida mejor.

Y así me educaron, en el respeto y la admiración por todas las culturas.

Soy una mezcla fantástica de muchos lugares y de ninguno, hija de gallego y madrileña, hermana y catalana de adopción, y con doble nacionalidad. Hablo cuatro idiomas, solo por el hecho de haber nacido en el seno de una familia global , aprecio tanto la empanada gallega como el cocido madrileño o “els cargols a la llauna”, y le doy la razón a La Trece Catorce, Malasaña solo hay una, pero la Sagrada Familia o la Torre de Hércules son únicas también.

Quizá por mi condición de ciudadana del mundo, y porque nunca me han gustado los radicalismos, toda la situación actual, la independencia, los racismos y los desprecios a los que vienen buscando su oportunidad, me parecen una absoluta gilipoyez. No puedo entender los esfuerzos que hacemos diariamente por despreciarnos los unos a los otros, en nuestro país, desprestigiando culturas, costumbres y lenguas, nuestra historia, al fin y al cabo. Qué pérdida de tiempo cuando hay tanto que hacer…

Hoy, cuando muchos españoles se plantean emigrar a otros países, seguimos mirando por encima del hombro a determinadas etnias que buscan lo mismo en España, pero claro, ellos son “inmigrantes” y nosotros “buscamos nuevas oportunidades”. Y estudiamos idiomas, e importamos la pizza, hablamos spanglish y nos sentimos muy “cool” e internacionales y en realidad nos volvemos cada vez más provincianos e incultos acotando nuestro terreno.

En estas últimas semanas me han dado muchas ganas de acogerme a mi “ciudadanía australiana” y volver la espalda a un país de pandereta y cada vez más en blanco y negro, en el que tod@s, no solo una comunidad, nos hemos vuelto loc@s.

¡Definitivamente, Spain is different!

DINA3, ¡por un mundo mejor!