Mamá YO NO QUIERO ser artista
Excepto por algunos casos aislados y poco usuales, las madres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos. Que sean los más listos, los más estudiosos, los más deportistas, los más buenos, los más guapos.
Es posible que mi caso sea una excepción dentro de la mayoría, porque no quiero que sea rico, lo que deseo es que sea bueno, feliz, honrado, y que sepa encontrar en su vida la profesión que le permita vivir de lo que le guste hacer.
He dicho que quiero que sea honrado, así que no, espero que no se dedique ni a la banca ni a la política.
Pero, mal que me pese, esa será SU decisión.
Los padres tenemos la obligación de apoyar y orientar, no de dirigir la vida de nuestros hijos.
También tenemos la obligación de protegerlos, no sólo del daño físico, sino de cualquier abuso o de influencias que puedan perjudicar su vida y su normal desarrollo como niños.
Por eso me ha resultado siempre imposible de comprender el arquetipo de "la madre del artista". Esas madres que llevan a sus hijos o hijas a un cásting tras otro, les lavan el pelo con champú de camomila para aclararlo, les educan en el marquismo, el clasismo y las apariencias...
Es un prototipo de madre terrible, espantoso.
Antes, la "madre del artista" (muchas, no todas) era una señora que no pudo / no quiso / no la dejaron ser famosa, y proyectaba en su retoño ese afán. Pero ahora a la "madre del artista" le ha salido una dura competencia: la madre egoblogger. Ese personaje que "se realiza" con más o menos éxito enseñando sus posesiones: su bolsos, sus medias, su abrigo, su casa, su perro... en internet. Bueno, allá cada uno con sus historias, si es SU imagen y no le importa quien la vea y lo que opine de ella. Cada uno es libre de hacer con su vida, su imagen y su perfil en internet lo que le apetezca. Pero cuando una madre egoblogger decide mostrar a su hijo como mostraría a su birkin, o las mechas que le han hecho... ay, carajo, aquí ya entramos en terreno pantanoso.
Este artículo viene a propósito de la polémica creada por la publicación de algunas egobloggers de fotos de sus hijos en una campaña de Dodot. Fotos muy tiernas, en las que en algunas los críos aparecen únicamente con un pañal.
Nenas, como madre os lo digo: os habéis pasado. Un niño NO ES UN BOLSO, ni es un piso, ni es un vestido del que fardar, es un ser HUMANO.
No tenéis NINGÚN DERECHO a hacer eso con la imagen de vuestros hijos. Son personas y están BAJO VUESTRA RESPONSABILIDAD. Vuestro blog está abierto y cualquiera puede utilizar las fotos de vuestro hijo, y lamento decir que para fines tremendamente repugnantes. ¿Hay dinero que lo compense? ¿En serio creéis que es algo inocente? No es inocente desde el momento en que cobráis por ello (en dinero o en especie, en proyección en internet, da igual): los niños NO DEBEN TRABAJAR. ¿Quién os da derecho a exponerlos así?
Si es por culpa de vuestro ego y afán de protagonismo, id al psicólogo, PERO YA.
Si es por pasta, haced el favor de dejar de perder el tiempo haciéndoos fotos y buscad un trabajo, o un 2º o un 3er trabajo. Pero utilizar a vuestros hijos ¿en serio? Es repugnante.
¿Y los padres, no tenéis nada que decir? Porque los hijos son de los dos. ¿No se os cae la cara de vergüenza de saber que vuestro hijo está expuesto? Espero que el beneficio sea ENORME, porque ENORME será la vergüenza que sentirá él cuando sea consciente de por qué lo han vendido sus padres.
Y es que en esto también aparecerá la justicia poética: vuestros hijos serán los que ajusten cuentas con vosotros, y os coloquen en el sitio que os merecéis, ni más ni menos.
No es ético, a las marcas no les importa, a vosotras sí que debería importaros. Debemos pensar antes de hacer estas cosas y, si ya hemos cometido el error (puede ser, no digo que no, pecando de inocentes), remediarlo lo antes posible. Del mismo modo que DENUNCIÉ PUBLICAMENTE este hecho, en este mismo artículo, desde aquí DEBO APLAUDIR a quien ha reflexionado y ha retirado las fotos de su hijo. Rectificar es de sabios.
Mabi Barbas, una madre MUY indignada
Nota de la autora/editora: soy plenamente consciente de que este artículo ha levantado ampollas. Se me ha tildado de extremista, de meterme en la vida de los demás, de acusar a los padres de incitar a la pederastia. Mis colaboradores, del primero al último, podrán asegurar que siempre que se me propone algo con niños (un artículo, una portada, un especial) lo rechazo; que, a pesar de que doy libertad a todos para escribir lo que quieran y como quieran (y eso me incluye a mí misma), leo todos y cada uno de los artículos, y en alguno los contenidos son ofensivos -ya sea por la manera en que se expresa la idea o por el artículo en sí mismo- le pido al autor que lo edite o no se publica.
Este artículo tiene la dureza calculada: no es lo mismo sacar a tu hijo de paseo al parque, y que allí haya algún guarro, ya que esto aparte de paranoico escapa a tu control, a exponerlo en una ventana abierta en internet mientras estás cambiándole un pañal. Poner fotos de tu hijo en internet para que las vea tu familia que está lejos es una cosa (y tendrás que vigilar tu misma el nivel de privacidad si no quieres sorpresas). Utilizar la imagen de tu hijo con una marca detrás otra muy diferente.
Yo no me he metido motu proprio en ninguna de estas tres páginas de egobloggeras. Ni me interesan ellas, ni su vida, ni sus contenidos. Ellas mismas han creado la polémica. Ellas y Dodot. Y me pregunto si ese en realidad era el fin, polemizar y subir audiencia.
La dureza del artículo (por más rechazo que haya causado) es un necesario jarro de agua fría: se nos está yendo la mano con el egobloggerismo, y ya no respetamos ni a los niños. Y mira, lo siento, por ahí no paso, los niños son sagrados, y deben estar jugando en el parque, no poniéndose mechas para un cásting.
Desde luego que no me creo en posesión de la verdad, ni tengo a derecho a decirle a nadie qué puede o qué no puede hacer. A lo que sí que tengo derecho es a opinar, y es lo que he hecho, ni más ni menos.



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